En este proyecto se intervino el lateral de una vivienda unifamiliar para convertir un paso estrecho en un corredor exterior ordenado y de fácil mantenimiento. La propuesta combina un pavimento cerámico continuo para el tránsito con un parterre elevado protegido por un murete de ladrillo y una celosía metálica que actúa como soporte para trepadoras y rompe-vistas.
Las alineaciones vegetales se organizan en capas: en primer término, especies de porte bajo y gramíneas ornamentales para dar textura; detrás, arbustos perennes y pequeños árboles caducifolios que aportan estructura y sombra estacional. El uso de mantillo mineral (grava volcánica) mejora el drenaje y reduce el mantenimiento, mientras que las líneas de riego por goteo, garantizan una irrigación eficiente y controlada.
A nivel estético se ha buscado coherencia con la fachada: materiales sobrios (ladrillo, acero y piedra) y una paleta vegetal de tonos verdes y rojizos que armonizan con los acabados del edificio. El conjunto termina en una zona de césped y un área de barbacoa, creando una transición funcional entre el pasillo y el espacio de ocio exterior.